Para hacerse una primera idea de Iquitos conviene saber el repetido dato de que es la ciudad más grande del mundo sin acceso rodado. Yo llegué volando desde Lima y me sorprendió la selva desde arriba, surcada de ríos con meandros imposibles. También se puede llegar por barco de toda clase, pués la ciudad está ubicada en pleno río Amazonas.
Llego de noche y una multitud de taxistas y comisionistas de agencias de viaje se avalanza sin piedad sobre mí, uno de los pocos turistas que llega en el vuelo. Por suerte me espera un taxi que había concertado con el hotel y me resulta más fácil desprenderme del enjambre humano. En un primer momento la ciudad me decepciona. Me resulta lumpen en exceso y el calor sofocante me asfixia. La plaza principal tiene un edificio medio destruido y detrás sobresale uno azul de varias plantas abandonado. La iglesia es estilo kitch. Ceno en el único restaurante pasable que encuentro la ternera más dura que he probado en mi vida y pruebo suerte con un pedazo de tarta de limón que compro en una cafetería. Me siento en un banco de la plaza para tomármela y, al ser medio lechosa, me da reparo y prudentemente la tiro a la basura. Con dos ventiladores enfocándome, me tomo un helado Camy en la cama a la espera del día siguiente.
Fué solo la primera impresión. Iquitos es en realidad una ciudad muy sexy, animada y atractiva. No puede valorarse por patrones de belleza occidentales, porque no cumple casi ninguno. Es decadente en exceso pero su época de gloria (los años en que la zona exportaba caucho a medio mundo) se palpa en multitud de edificios con azulejos importados de Portugal y un gusto por lo fráncés que tiene su máxima expresión en una casa de hierro diseñada, según ellos, por Eiffel y traída pieza a pieza del país galo.
El primer día lo paso buscando una excursión a la selva. Fué bastante difícil porque todas las agencias ofrecían lo mismo y la competencia es feroz, tratando los comisionistas de guiarte ellos mismos a sus agencias. Una vez contratas la obligada excursión a la selva todos los comisionistas lo saben (ignoro el modo) y te dejan en paz. A última hora me decido por una excursión de cuatro días a un lodge alejado de Iquitos básicamente porque quería partir al día siguiente y porque ya había dos italianos apuntados. No me apetecía ir sólo con un guía.
La excursión estuvo bien, aunque disfruté más la que hice en Ecuador. El lodge estaba ubicado en el río Cumaceba, tributario del Ucayali, río que se une antes de llegar a Iquitos con el Marañón para formar el Amazonas. Las condiciones de alojamiento y comida son bastante buenas para lo que es la selva pero el guía es pésimo. A cada rato preguntaba "¿Qué tal? ¿Bien?" poniéndome nervioso. Los italianos (una pareja de un siciliano, Salvatore, y una italo francesa, Amelia), en cambio, son encantadores. He quedado para encontrarme de nuevo con ellos en Cuzco. No sé que hubiera sido de mí si me veo solo en la selva con un tipo así. Las actividades fueron variadas: mucha canoa (demasiada), largas caminatas, duro camping, pesca de pirañas, baño también con pirañas... Es selva primaria y se nota. Vimos caimanes, perezosos, monos, tucanes y mil aves más. Los italianos contratarón una sesión de ayahuasca, una hierva que suministra un chamán y qué, después de limpiarte por dentro (vómitos y diarrea) supuestamente te hace tener alucinaciones. Aquí en Iquitos es muy popular y todo el mundo te pregunta si la has tomado ya. Felizmente me niego a sumarme al ritual. Los italianos, después de probar la hierva, vomitaron pero nada de visiones. Me contaron que la ceremonia fue ridícula, echándole el chamán humo de un cigarro y espurreándoles agua de rosas. No sé que creer, imagino que una sesión bien llevada puede ser algo más positiva.
De vuelta disfuto con los italianos de los encantos de la ciudad. Me parece que es la selva dentro de la selva: en el concurrido mercado de Belén, el más impresionante que he visto nunca, se encuentras monos, tortugas abiertas por la mitad, armadillos, caimanes... todo lo que pone la selva a disposión del hombre y, éste, del turista. Al ambiente de ciudad salvaje contribuye el tráfico de mototaxis (motocicletas a las que se le acopla un carrito para llevar pasajeros). Cruzar una calle es una aventura. Creo que más de la mitad de la población en Iquitos es taxista.
Una semana más tarde de mi llegada vuelo vía Pucallpa de nuevo a Lima, donde pernocto en el mismo hostal donde me quedé antes y, a la mañan siguiente, me embarco en un bus que me subirá a los Andes, concretamente a la ciudad de Ayacucho, donde dicen que se encuentra la mejor Semana Santa del Perú.
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Ey Manolo!
ResponderEliminarGran alegría saber de ti! Oye si quieres pasarte por Casa Palacio en el Plan 3000, donde vive Nicolás Castellanos para que puedas conocer el proyecto y pases unos días con ellos, dímelo y te pongo en contacto con ellos.
Un abrazo, y disfruta de ese grandísimo viaje!
Jorge
¡Gracias Jorge! En principio me atrae mucho la idea, contacto contigo por mail.
ResponderEliminarYa somos mutuos seguidores blogueros el uno de otro. Qué mundo este de internet.
Un abrazo desde el Sur,
Manolo