Andes argentinos cerca de Mendoza

lunes, 14 de junio de 2010

23. Río (y final)

No voy a aburrir contando mucho de Río: en sí la ciudad nos decepcionó un poco al tocarnos un tiempo regular pero la playa esplendorosa, los caipirinhas y la naturaleza desbordante pusieron un buen broche final.
Se acabó. Cerca de 4 meses dando tumbos de un lado para otro llegaron a su fin. Queda una de las mejores partes del viaje: volver. Y cuando el espíritu celebra tanto la vuelta después de un viaje tan positivo es que lo que aguarda en casa es bueno.
En el aeropuerto me esperan mis padres, mi sobrina María y mi hermana Cristina y, en casa, el resto de mi familia para una opípara comida. Todos más o menos igual salvo mis sobrinas, que me reciben con sus últimos aprendizajes: una es capaz de mantener conversaciones de cierta complejidad y la otra ya anda. Como siempre que llego últimamente a Málaga en avión me sorprende la luz de la ciudad, una luz inconfundible que lo inunda todo de alegría.
Los siguientes días me encuentro con mi cama, mi ducha, comida en condiciones, periódico a diario, y un sin fin de actividades que no me dejan parar un momento. Está bien llegar en esta época con los días tan largos. A pesar de ello, a mis días les faltan horas, aunque se que tengo un largo verano por delante para, despacio, hacer todo lo que tengo pendiente. Y también para recordar todas las cosas escritas en este blog que he tenido la suerte de disfrutar y también de compartir con todos los que lo han leído. Qué privilegio.

viernes, 4 de junio de 2010

22. Cataratas de Iguazú

El avión nos transportó de una forma rápida e higiénica a Iguazú. Al aterrizar en plena selva da la sensación de que sale humo de una parte. Eran las mismas cataratas, que con la caida tan brutal de agua despedía un vapor que se elevaba por encima de los árboles.
Las cataratas de Iguazú hacen de frontera entre Brasil y Argentina, correspondiendo a cada país una parte. El primer día lo dedicamos al lado argentino, que tenía varios circuitos a través de pasarelas para ver las cataratas desde diversas perspectivas. La verdad es que son tan brutales como todo el mundo dice. La bocanada de agua se precipita con una fuerza espeluznante durante varios kilómetros creando un bosque de saltos de agua y arcoiris fascinante. Tuvimos la oportunidad de coger un barco que se aproxima bastante al pie de las cataratas y que te deja literalmente chorreando. Muy divertido. La parte más fascinante es la llamada "Garganta del Diablo", el lugar donde baja el mayor volumen de agua. Puedes estar mirando caer el agua durante horas, que no te cansas. Nos gustó tanto que al día siguiente volvimos a ir en un paseo nocturno aprovechando la luna llena.
El pueblo Puerto Iguazú, como era de esperar, no es muy atractivo. A Álvaro le gusta más que a mí. Se nota que él está mas fresco y a veces me cuesta seguirle pero es buen companhero de viaje y se muestra comprensivo ante mi ritmo cada vez más ralentizado.
El lado brasilenho tiene las mejores vistas globales y también una pasarela en la que te metes por medio de la catarata muy interesante. No obstante, me resultó mejor puesto el lado argentino, que cuenta además con la mejor parte de la caída de agua.
Un error de previsión hizo que nos quedáramos sin billete de autobús para Río de Janeiro. Como el avión era excesivamente caro cogimos otro autubús más pesado y con un persistente olor a orina. Suerte que nuestro asiento estaba delante y que tengo un poco perdido el sentido del olfato. Las más de 24 horas de viaje en autobús, record absoluto, se pasaron mucho más rápido de lo esperado.

miércoles, 2 de junio de 2010

21. Patrioitismo en capital

Buenos Aires está de celebración. Se conmemora el bicentenario de la revolución de Mayo que precedió a la independencia, seis anhos después. Los primeros dos días me alojo en casa de la madre de Flopi, una de las argenetinas que conocí en Ecuador. Me reciben con una buena cena y vino, haciéndome sentirme como en casa. Es un gustazo descansar un par de días de hostales y al día siguiente ralentizo mi ritmo y no salgo a conocer la ciudad hasta pasado el mediodía.
Buenos Aires es una gran ciudad de grandes avenidas y barrios con mucha personalidad. La avenida 9 de julio, la más ancha del mundo, ultima los preparativos para la gran fiesta, que se prolongará durante 5 días con conciertos, exposiciones, desfiles e inaguraciones. Todos los edificios se encuentran vestidos con la bandera albiceleste. Mucho frenesí, gente que hace negocios a gritos en la calle y atmósfera europea, entre Madrid y Roma, son las primeras impresiones que me llegan de esta compleja ciudad.
Por la noche ceno de nuevo con la madre de mi amiga pero sin mi amiga. Es una senhora de 75 anhos que sigue trabajando diario como arquitecta. Tiene una mente muy abierta y me siento con ella como si estuviera con una amigo de mi edad. Pese a la diferenciua de edad y la nacionalidad apenas hay distancias en la comunicación. Increible.
Al día siguiente me mudo por la manhana a un estupendo apartamento reservado por Álvaro en un sitio muy céntrico (...cerca de la Estación Retiro y de la Calle Florida y de la Plaza San Martín). Al llegar Álvaro al apartamento siento estar recibiendolo en mi casa de Málaga. Se acabó viajar en solitario.
Los días transcurrieron en Buenos Aires visitando sin mucha urgencia barrios míticos como Recoleta, Palermo, San Telmo o La Boca y llendo por la noche a los conciertos de la 9 de Julio donde tocan, entre otros, Fito Páez, Gilberto Gil, Litto Nebbia, Pablo Milanés y Gustavo Santaolalla. Resultó especialmente emotivo el último día ver a tantas personas juntas cantar el himno nacional antes de los fuegos artificiales. Emocionante de verdad.
Estamos agusto en Buenos Aires y prolongamos un día más la entancia que en un principio teniamos planificada. Quedamos de vez en cuando con las argentinas de Ecuador y también con Andrea, la catalana, que se encuentra por allí con una amiga argentina. Con ellas dos vamos un día a Colonia de Sacaramento, un pueblo precioso que se encuentra enfrente de Buenos Aires, a un paseo en ferry en el lado uruguayo del Río de La Plata. Pequenho, bonito y plácido.
Nos advirtieron que ir a las cataratas de Iguazú en autobús era una tontería porque por poco más podíamos hacer el largo trayecto en avión. In extremis, el mismo día que nos vamos, compramos el pasaje. Buenos Aires se queda abajo y siento algo de pena al verla cada vez más lejos por la ventanilla del avión.