Andes argentinos cerca de Mendoza

viernes, 26 de febrero de 2010

5. San Cristobal

Tras tres horas dando botes entre Isabela y Santa Cruz y otras tres entre Santa Cruz y San Cristobal me dirijo al hotel Miconia, el mejor hotel de Puerto Baquerizo Moreno. Es un hotel gracioso, tipo cabañas apiladas frente al puerto, pero tampoco es nada del otro mundo. Estaba dispuesto a pagar lo que hiciera falta con tal de evitar más aventuras indeseadas.
No quiero hacerme pesado con Galápagos así que no hablaré mucho de San Cristobal y sus animales. Sólo decir que hay lobos marinos por todos lados, incluso en plena ciudad. Con frecuencia se saltan la playa donde habitan (de noche creo que puede haber más de 200) y se plantan en los bancos y en mitad de la acera del precioso malecón y hay que ir esquibándolos. Por la noche forman un griterío terrible y alucinante. El olor a animal, a veces, se intensifica y mucha gente se empeña, pese a las prohibiciones, en tocarlos y hacerle fotos con flash. Me pregunto cuanto tiempo durará la convivencia entre hombres y focas en esta ciudad.
El jueves por la noche me acerco al "Iguana Rock", el garito de moda en la isla. Es un sitio bastante rústico, pero muy auténtico. Un ejército de americanas se empeña en aprender a bailar salsa. Allí me alio con el campeón de billar de las islas, un tartamudo indio muy simpático que se hace llamar "Billarbond". El tío es tan bueno al billar que, pese a jugar conmigo, que no tengo ni idea, hizo que ganáramos varias partidas y unas cervezas. Pasé un rato muy divertido y quedé en volverme a pasar al día siguiente.
Los días transcurren con calma pero San Cristobal me guardaba una sorpresa. El sábado por la mañana dejo el hotel para irme al aeropuerto a las 1 de la tarde y abandonar galápagos. Me levanto tarde, hago la maleta tranquilamente y me acerco a un café internet con la intención de escribir, entre otras cosas, este blog. En el periódico El País me entero del terremoto de Chile. De ahí, veo que Hawai está en alerta ante la llegada de un posible tsunami y caigo en la cuenta de que Galápagos está a medio camino. Imaginaos el miedo que me entra al ver en internet que las Galápagos habían sido desalojadas por riesgo de tsunami. Miro de reojo el mar y parece tranquilo. También a toda la gente, que mira internet como si nada. ¿Qué pasaba allí? Efectivamente, a las 5 de la mañana todas las personas habían sido trasladadas al Progreso, en la parte alta de la isla, donde se refugiaron en la escuela y la iglesia. Todas menos yo, que dormía placidamente en la habitación de mi hotel en primera línea de playa. A las 10, poco después de yo depertarme, fué llegando la gente poco a poco de la parte alta una vez que el tsunami pasó en forma de una pequeña subida de marea. Debió de ser un horror la escapada, según me han relatado, con la gente muy nerviosa. Yo dormía. Una anécdota para contar el resto de mi vida.
Llamo a un taxi y me dirijo al aeropuerto, que estaba lleno de gente deseando salir de allí.
El continente me espera. Allí empezaré la verdadera travesía por América del Sur.

martes, 23 de febrero de 2010

4. Isabela

Isabela es la isla más grande y la más occidental (por ubicación) de las Galápagos. El pueblo es pequeño, de poco más de 1000 habitantes y se acaba conociendo a todos los turistas que por allí andan. Las calles no están asfaltadas y multitud de palmeras tropicales adornan tanto el pueblo como su preciosa playa de arena blanca. Una laguna con flamencos termina de completar el paisaje del pueblo, Puerto Villamil.
Tiene poca infraestructura turística. Aunque cuenta con multitud de restaurantes, solo se puede comer medio decentemente en uno de ellos. Mucho más pobre que Puerto Ayora, deja atisbar como será el Ecuador del continete.
Narrado parece el lugar ideal de vacaciones pero el sitio no se deja domar facilmente. Me parece todo extremadamente dejado de la mano de Dios y deseo que todo fuera un poco más civilizado. Recaigo en un hotel barato donde duermo bastante mal y, a la mañana siguiente, me mudo a otro mejor. Cojo una bici, voy cerca del puerto a hacer snorkel, entablo conversación con un guía peruano y con un alemán... La cosa marcha bien. Me voy por la tarde con "El Gato" a un tour por la bahía, donde veo unos tiburones a los que les saco unas fotos. Damos una vuelta por un sitio de anidación de iguanas y me sobrecoge la imagen de una fragata (un pájaro común de por aquí) robándole un huevo a una iguana marina. Me da la impresión de estar viendo un documental en directo. A la vuelta me entretengo haciendo unas fotos a una gente que jugaba en la playa y, antes de cenar, me tomo unas cervezas en un sitio de playa con música excepcionalente bueno para un pueblo de ese tamaño. Me reconcilio con la isla, y decido quedarme varios días. Aquello me gustaba.
Y al día siguiente amaneció lloviendo. Bah, un rato y se despeja, pensé. Continuó lloviendo sin parar todo el día, como en Macondo. Las calles, sin asfaltar, eran auténticas lagunas de modo que había que dar grandes vueltas por el pueblo para, simplemente, cruzar una calle. Un día bastante penoso, tanto, que decido comprar un billete de barco para salir de allí a las 6 de la mañana del siguiente día.
Me acuesto temprano (lo hago casi todos los días, madrugo mucho) y a las 3.30 me despierto y oigo como sigue lloviendo. Alargo la mano al suelo para ver la hora en el móvil y toco agua. Todo mi cuarto estaba con dos dedos de agua a pesar de ser un primer piso (ignoro por donde entró). Claro, no me puedo dormir, y hago el equipaje bien (sobre el water), chapoteando de un lado al otro. Por suerte, el aislamiento de la mochila de las cámaras de fotos evita que éstas se mojen y, como no tenía muchas cosas por el suelo, no hay demasiadas cosas mojadas.
A las 5.15 tenía el desayuno y cuando le digo a la señora que el cuarto estaba inundado, me suelta una leve risa, como diciendo "a mí qué". Pienso la cara que hubiera puesto mi madre. Allí deben estar bastante acostumbrados. Yo no.
La ida al embarcadero fue un show: el "taxi" que tenía pedido pasa de largo y llamo a otro que se pone a recoger a gente por el pueblo, hasta ser 7 en el coche. Llegamos a tiempo al embarcadero (por los pelos) para coger el barco rumbo a Puerto Ayora (Isla Santa Cruz) y luego, a las 2 de la tarde, a Puerto Baquerizo Moreno (San Cristobal). El viaje fue movidito. Aunque para mí fue como el de la ida, debió ser peor porque 6 de los 16 pasajeros vomitaron. La imagen es dantesca pero todo aquello me parece también divertido. La verdad que la lancha volaba, y al tocar de nuevo el suelo, daba un golpetazo tremendo. Por suerte los Mareoles (tranquilizantes de elefante que venden como pastillas anti mareo) que me tomé hicieron su efecto. Y llego sano y salvo a San Cristobal, deseando dejar a un lado las aventuras.

sábado, 20 de febrero de 2010

3. Primeras impresiones

Bueno, pues ya estoy aquí. Llegué ya hace unos días, pero no es fácil conectarse a Internet en Galápagos. Subiré fotos una vez en el continente.
La verdad que el comienzo del viaje ha sido toda una aventura. Después de once horas de viaje, cuando estábamos casi sobrevolando Quito, nos dice el capitán que no puede aterrizar por condiciones meteorólogicas y que se va a Guayaquil, a varios cientos de Kilómetroa de mi destino (Quito). Nos dejan tirados en el aeropuerto con un vale para cenar y nos piden que esperemos nuevas noticias. Tras todo el día en el aire, un poco tocado por el cansancio, decido que es mejor quedarme en Guayaquil, que está mas cerca de Galápagos y partir al día siguiente desde allí. Me daba pereza coger un nuevo avión que no sabía cuando iba a salir (probablemente al día siguiente). Llamo por teléfono a Fabián, que me esperaba en el aeropuerto de Quito, para decirle lo que había pasado e intento buscar un hotel en Guayaquil. Me decido por el Marriott, pero después me comentan que está muy alejado del centro, que, si partía al día siguiente para Galápagos, era mejor un hotel cercano al aeropuerto, uno que me señalaban con un dedo.
Guayaquil es considerada la ciudad más peligrosa de Ecuador y empiezo a desconfiar de todo el mundo. Juan, un ecuatoriano del que me hice amigo en el avión, me pide que le vigile el equipaje. Me entra mal rollo. El calor era insoportable (en Guayaquil siempre hace una humedad del 100%), quería salir corriendo de allí. Y me metí en un taxi (me aseguraron que los del aeropuerto eran totalmente de confianza) rumbo al hotel, que no tenía muy buena pinta desde lejos. Desde cerca fue mucho peor. Me ofrecieron tres habitaciones y escogí la más cara. No daré detalles, tampoco es que estuviera tan mal, pero creo que es la primera vez que me da asco dormir en un sitio. Claro, como me dormí a las 9 (a las 3 de la madrugada hora española) a las 4 estaba despierto sin saber muy bien que hacer. Miro por la ventana, había como una estación de autobuses. Pongo la tele, y las noticias cuentan los desastres en la provincia de Guayaquil por las recientes llevias torrenciales. Empiezo a pensar: ¿Qué hago yo aquí? ¿Realmente quería ir? ¿He pensado yo esto lo suficiente? Me visto rápido, tengo que conseguir un vuelo para Galápagos (el plato fuerte de mi viaje) y salir de allí.
Tuve suerte, tras hacer cola de más de una delante del checking nos dieron billetes de última hora, pues en principio todo estaba reservado.
Con alivio llego a Galápagos, con una sensación de entrar en una especie de Parque Jurásico. La llegada me recordó mucho al comienzo de la película. Era gracioso como todo el mundo en el bus camino del pueblo miraba por la ventanilla con mucha expectación ante la aproximación de un pájaro que resultó ser una gaviota. Los paisajes sí me llamaron mucho la antención. En apenas unos pocos Kilómetros se pasaba de un páramo solo habitado por cactus a una selva densa con una árboles muy extraños.
Ya en Puerto Ayora, tras dejar las cosas en un hotel donde había reservado para 3 días después, ceno con abundante cerveza y visito la estación Charles Darwin, donde tienen un criadero de tortugas gigantes. Entre ellas se encuentra el "Solitario George", la útlma tortuga gigante de una subespecie de la isla Pinzón, que probablemente se extinga cuando muera este ejemplar.
Al día siguiente me embarqué en una excursión a la isla Santa Fe. Es increible la vida del archipiélago, parece que no tiene fin. Nada más meterme en el agua en unas rocas antes de llegar, ví a un par de tiburones de más de 2 metros de largo. Pasé miedo, aunque te aseguren que no atacan. Los fondos marinos visibles tan solo con snorkel son espectaculares. Más adelante llegamos a una bahía con agua cristalina donde pude ver una manta y una tortuga gigante. Es impresionante como nadan, debajo del agua parecen elefantes. En una playa de arena blanca de esa bahía había una colonia de lobos marinos. Es precioso ver la naturaleza de una forma tan espectacular.
En el tour conocí a Catalina, una chica de Ecuador con la que pasé ese día y el siguiente. Estuvimos en una playa, bahía totuga, donde pudimos entretenernos un rato viendo a un pelícano cazar en el agua. Varias iguanas marinas, quietas como budas, se calntaban al sol. Los pinzones (pajarillos como gorriones) se acercaban muchísimo llegándose a posar en mi pierna y en mi mano.
Un día más tarde partí a Isabela, la más salvaje de las Galápagos, pero eso lo dejo para la siguiente entrada, que esto se está haciendo eterno.

domingo, 14 de febrero de 2010

2. En puertas

Pasado mañana vuelo a Quito con mi billete de ida. Tengo ganas, ando ya un poco impaciente, con la sensación de que se me olvidan cosas. Tengo serias dudas de que lo que pienso llevar quepa en mi mochila, pero, por otro lado, no veo por donde reducir: prismáticos chicos, equipo de Snorkel, un pantalón, pastillas potabilizadoras, saco, botiquín, abrigo, cámaras de fotos, cargadores mil... Por poco que sea me parece demasiado para una sola mochila. Veremos mañana como me las ingenio.
Anoche, con ocasión de cumplir los 31 años, celebré junto con mi amigo Luis nuestros cumpleaños con una fiesta en casa de mi hermana Inmaculada. Fue una buena oportunidad para despedirme, aunque sea solo por unos meses, de mucha gente a la que quiero. Fue algo sencillo, comida precocinada y bebidas, pero creo que todos lo pasamos muy bien. Mucha gente al contarle que estaba pensando escribir un blog me comentó que le mandará la dirección, que le interesaba. Si sigo escribiendo, cuando llegue a Ecuador lo haré.
Planes: avión el martes a las 9.30 Málaga-Madrid-Quito. En el aeropuerto me recoge Fabián, amigo de mis hermanas y tras tres días en la capital, vuelo a Galápagos donde permanerceré en principio 2 semanas. Me resulta increible lo que gente desconocida de los foros de internet me han ayudado con esta primera etapa de viaje: Quilfordia, Tonle, Pauly Latin y Macarenachile son los únicos a los que les he mandado la dirección de este blog. Ya, solo con esto, tengo motivos para seguir con la bitácora.
La próxima vez que escriba será, al fin, desde AMÉRICA.