Andes argentinos cerca de Mendoza

lunes, 14 de junio de 2010

23. Río (y final)

No voy a aburrir contando mucho de Río: en sí la ciudad nos decepcionó un poco al tocarnos un tiempo regular pero la playa esplendorosa, los caipirinhas y la naturaleza desbordante pusieron un buen broche final.
Se acabó. Cerca de 4 meses dando tumbos de un lado para otro llegaron a su fin. Queda una de las mejores partes del viaje: volver. Y cuando el espíritu celebra tanto la vuelta después de un viaje tan positivo es que lo que aguarda en casa es bueno.
En el aeropuerto me esperan mis padres, mi sobrina María y mi hermana Cristina y, en casa, el resto de mi familia para una opípara comida. Todos más o menos igual salvo mis sobrinas, que me reciben con sus últimos aprendizajes: una es capaz de mantener conversaciones de cierta complejidad y la otra ya anda. Como siempre que llego últimamente a Málaga en avión me sorprende la luz de la ciudad, una luz inconfundible que lo inunda todo de alegría.
Los siguientes días me encuentro con mi cama, mi ducha, comida en condiciones, periódico a diario, y un sin fin de actividades que no me dejan parar un momento. Está bien llegar en esta época con los días tan largos. A pesar de ello, a mis días les faltan horas, aunque se que tengo un largo verano por delante para, despacio, hacer todo lo que tengo pendiente. Y también para recordar todas las cosas escritas en este blog que he tenido la suerte de disfrutar y también de compartir con todos los que lo han leído. Qué privilegio.

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