Me levanté tempranísimo para meterme en un autobús con dirección a Riobamba y, desde allí, a Cuenca. Creo que no me salió bien la combinación y que podía haber cogido una ruta más cómoda y algo más corta, pero allí estoy, medio dormido y entregado a una carretera que atraviesa los andes ecuatorianos. A ratos me parece la carretera espectacular, saliendo y entrando a intervalos de nubes que lamían las montañas. Me parece que el paisaje a la vez está muy afeado con casuchas continuas alrededor de la Panamericana y me fastidia un poco tanta desolación. Además, la deforestación parece importante, siendo sustituidos con frecuencia los bosques originales por eucaliptales ajenos a esa tierra, más rentables por su rápido crecimiento. El autobús segundo, el más largo, va parando continuamente y recogiendo a gente, hasta llenar por completo el pasillo central. Unas señoras de la parte de atrás empiezan a gritar al conductor que deje de recoger a gente, que han pagado para viajar cómodas y que van a llamar a la policía con su celular. Sin embargo, nadie se queja de la forma de conducir del conductor, que a mí me parece de auténtico kamikaze. No suelo tener miedo cuando viajo en autobús, pero este señor, unido a los precipicios brutales que se ven a mi izquierda, me hace temer por mi vida.
Domingo por la tarde, Cuenca aparece desierta. Encuentro un hostal estupendo, ubicado en una casa tradicional centenaria pero con unos muebles viejos y a la vez modernos elegidos con un gusto exquisito. En mi cuarto, destaca un sofá rojo brillante. Es un placer alojarse allí.
Al siguiente día deshago algunos kilómetros para visitar Ingapirca, las ruinas Incas más importantes de Ecuador. Fueron bastante interesantes, pero no se si mereció la pena tantas horas, de nuevo, de autobús. Pienso por el camino de vuelta que, si quiero recorrer América por carretera, será mejor que me tome los desplazamientos en autobús con más filosofía y los asuma como otra parte positiva del viaje.
El día siguiente fue el estándar de visita a una ciudad. Vamos (las argentinas se encuentran también en Cuenca) a museos, paseamos por un río, visitamos ruinas, almorzamos, visitamos iglesias y catedrales... auténtico día completo de turismo a la europea.
Cuenca tiene un casco histórico más pequeño y menos puro que Quito, con calles en damero y coches por todos lados. Posee un aire elegante y distinguido que la hace quizás superior a Quito en belleza, pero no puede competir en conjunto con la grandeza de la capital. Aunque no conozco la Cuenca española, me da la impresión que guarda una curiosa semejanza con ésta.
El siguiente día fue más práctico: lavar la ropa, cambiar moneda, sacar dinero, imprimir guía turística de Perú, descargar fotos para liberar las cámaras, comprar cargador y antimosquitos... múltiples tareas prácticas que surgen cuando el viaje es largo. A la mañana siguiente, madrugo mucho de nuevo, pues me espera la que, según mi guía, es la frontera más peligrosa de toda América del Sur: la frontera entre Perú y Ecuador.
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Manolooo!!! illo, me gustan mucho las aventurillas que escribes. Te animo a que sigas. Le pasé la dirección a mi hermano y te sigue también. El otro día comentábamos que tienes buena narrativa. Quien sabe, a lo mejor de aquí hasta sacas un libro, jejejeje. Buen viaje.(Luis)
ResponderEliminarJa, ja, ja!
ResponderEliminarGracias Luis. Me anima mucho a escribir que dejeis comentarios, así me da la sensación de que alguien lee lo que escribo.
Un abrazo
Manolo, logras realmente que recorramos contigo esos lugares, y sintamos tus experiencias como nuestras. Creo que debes plantearte seriamente cuando vuelvas, el hacerte un libro de viaje físico, tomando retazos de tu cuaderno virtual y condimentándolo con esos retratos e instantaneas que estarás tomando.
ResponderEliminarPor cierto, como diría Trillo, manda huevos, que estes haciendo ese periplo americano y aún no conozcas la Cuenca española.
Cheny
Hola Manolo
ResponderEliminarsoy una de las amigas belgas de tus hermanas. Nuria me dio tu blog y con su permiso también se lo di a mis alumnos del curso de español porque está bien escrito. Me gusta leer tus aventuras por Latinoamérica. O sea, tienes 7 admiradorAs más. Que te lo pases bien allí! Karen
Hola Manolo!!!
ResponderEliminarYo también sigo tu blog (soy Mª del Mar!!), me parto de la risa imaginando tus caras ante las situaciones que se te presentan, por ejemplo, en el autobús con los precipicios y el conductor suicida o subido en el water del hotel en galápagos haciendo la maleta con dos dedos de agua en el suelo ... ¡que fuerte!
La verdad que cuesta imaginar un viaje en el que uno paga por estar incómodo, pero algo parecido me ocurrió en Nairobi, aunque ¡no será lo mismo!
Bueno Manolo, yo tambien te felicito por tu blog y te animo a seguir escribiendo.
Un beso (Mª del Mar)
A Cheny:
ResponderEliminar¡Gracias Cheny! Lo del libro... no sè, no sè no creo que merezca la pena. Saludos a la gente de Sopde
A Karen:
¡Leen el blog en Bélgica! Es lo ùltimo que pensé cuando comencé a escribir. Me hace mucha ilusión que me lean desde allì. Un beso para Bélgica
A MMar:
Creo que por comodidad se paga poco en estos sitios. Si no, que me devuelvan el dinero. Un abrazo para tì y para Pepe