Andes argentinos cerca de Mendoza

domingo, 7 de marzo de 2010

7. Incursión a la selva amazónica

Como conté en la anterior entrada, una vez en Baños improvisé una incursión a la selva amazónica cercana al Puyo, a unas dos horas de donde me encontraba.
Cuando llego a la agencia por la mañana para partir a la selva, me informan que mis compañeros iniciales habían decidido hacer un tour más largo y que yo me uniría al grupo de otra agencia, que iban a hacer un tour igual al mío, con otras dos personas. Me dan botas de agua y un poncho para la lluvia y me recoge un coche tipo ranchera con el guía, un indígena llamado Rumy, y dos chicas argentinas algo mayores que yo y muy "macanudas", Diana y Flopy. La verdad es que desde el primer momento noto que hay muy buena "onda".
El primer día pasamos por una reserva de recuperación de monos en semilibertad y nos acomodamos en unas cabañas de madera en alto al lado de un río en un paraje espectacular. Lo de acomodarnos es un decir, pues las condiciones eran lo contrario a lo que entendemos en el mundo occidental por confort. A pesar de las incomodidades de las cabañas donde dormimos todo el grupo (una gallina poniendo huevos por las camas, ausencia de puerta, camas chicas y duras, vaivén cada vez que alguien se gira en su cama) duermo ambos días estupendamente y me siento muy a gusto allí.
Tras tomar el almuerzo hacemos un recorrido por la selva hasta llegar a una cascada de agua cristalina donde tomamos un baño. Me encantó la selva. Aunque no era primaria (totalmente virgen), es increible observar como compiten de una manera feroz las plantas y árboles por hacerse un hueco. El guía nos iba explicando algunos secretos de la fauna y la flora, así como la vida de los indígenas en la jungla (el vivió en la selva hasta que un cura le recogió de su comunidad aislada).
Tras cenar los pescados que cogimos del río, el matrimonio indígena dueño de las cabañas nos cuentan una seríe de leyendas de la selva irreproducibles y reimos bastante con ellos (las argentinas son realmente divertidas).
Al día siguiente damos un paseo por la selva más serio. Nos pinta la cara Rumy a Flopy y a mí con un fruto de un árbol y aplica un barro a Diana. Asimismo nos da todo tipo de remedios para los males que sufrimos (picaduras, resfriado). Fue una buena caminata, muy placentera hasta que empieza a llover de una manera desmesurada. Como cruzábamos ríos cada vez más crecidos, al principio intentamos que las botas que nos llegan hasta la rodilla no se llenen de agua, pero pronto nos resignamos y optamos por vaciarlas de agua de vez en cuando. La lluvia era infernal y, en un momento, tenemos que andar por un río con el agua por encima de la cintura cogidos de las manos, intentando evitar que las mochilas se empapen. Finalmente llegamos a una cascada escondida a la que hay que acceder nadando. Impresionante.
A toro pasado, creo que la lluvia le dió un puntito de aventura a la caminata muy estimulante. A la vuelta cenamos en las cabañas los peces pescados y unos gusanos que recogimos que se encuentran dentro de algunas palmas podridas. Tienen el tamaño de un dedo gordo y son blancos y repugnantes, pero tienen un aporte de proteinas equivalente a 5 libras de carne, como nos repite el guía. Con un pequeño esfuerzo, probé uno a la plancha y me resultó un poco asqueroso, crugiente por fuera y blando por dentro.
En una canoa nos trasladamos a otra cabaña río abajo. El paseo, al bajar el río fuerte y crecido, daba un poco de cague, pero llegamos con éxito a la otra cabaña, donde nos acostamos previo una caminata nocturna para ver caimanes y tomar unas cervezas en una fiesta un poco surrealista que organizaban cuatro o cinco ecuatorianos jóvenes que andan por allí. Al día siguiente, tras lanzarnos con una liana, subir a un mirardor y aprender a usar una cervatana, volvemos exhaustos pero contentos a Baños. Allí, limpio y aseado por fin, ceno una parrilada argentina (¡la primera vez que como carne que no sea pollo en 3 semanas!) y madrugo para meterme en un autobús hacia Cuenca, la joya colonial de Ecuador.

2 comentarios:

  1. Vaya aventuritas Manolito!! lo que me pregunto una y otra vez cada vez q las leo es si le habrás pasado el enlace del blog a tu madre..por favor, ahórrale ese mal rato jejejej creo que el comienzo del tsunami en Galápagos fue muuuy fuerte :-)disfruto muchísimo con las historietas, sigue, sigue!!!

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  2. Al principio mi hermana se encargaba de censurarlo, pero fue inútil, querían leerlo tal cual. Así lo hacen ahora y parece que no pasan demasiado mal rato (o no me lo dicen, para no coartarme)

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