Andes argentinos cerca de Mendoza

domingo, 21 de marzo de 2010

10. La Plaza de Armas de Trujillo

Me gusta Perú. Este inmenso país tiene dos atributos que lo diferencian y que hacen que sea un buen sitio para viajar.
En primer lugar la gente es muy amable. Todo el mundo te habla y se interesa por tí, de una forma muy cálida y natural. La segunda, la comida. Se come bien y barato. La cocina no es muy refinada, la verdad, pero si buscas un poco se encuentran platos excelentes.
Desde mi punto de vista, y con perdón si algún ecuatoriano lee esto, estas dos características hace de Perú, desde mi punto de vista y generalizando, un sitio más atractivo que Ecuador. Allí había muy buena gente, la verdad, tranquilos hasta extremos inauditos. Pero el peruano me ha parecido mucha más abierto. Estas dos afirmaciones se han convertido en un recurso fácil cuando me relaciono con ellos. Como son tan nacionalistas, esta comparación les derrite y me los meto rápido en el bolsillo.
Trujillo no sería lo que es sin su plaza de armas. Es una plaza tan brutalmente bella que compite con cualquier otra que haya visto por el mundo. Permitidme que me recree un poco. Es enorme y cuadrada y destaca por sus casas señoriales de pasado colonial. Son casas bajas, de una planta como mucho y pintadas de colores: rojo, azul y amarillo. Tienen unas puertas enormes, tan grandes, que con frecuencia son más altas que la propia casa. También suelen tener una ventana muy grande, desproporcionada, consiguiendo un efecto aún más llamativo por comparación cuando existen otras ventanas, ya que éstas son con frecuencia minúsculas. Hay un monumento central patriótico, árboles y palmeras, bancos para sentarse, una iglesia y, por desgracia, un par de casas modernas. El efecto global es, sin exagerar, sobrecogedor.
Además tiene mucha vida porque la gente acude a ella a pasear y a sentarse en los bancos, sobretodo al atardecer, siendo muy entretenido estar allí. He pasado mucho tiempo en esta plaza.
Los otros atractivos de esta ciudad son los yacimientos preincaicos de los alrededores. Destaca la ciudad de Chan Chan y, sobretodo, la Huaca de la Luna, un templo escalonado de la cultura Moche con unas pinturas impresionantes. Un grupo reducido (yo y un alemán) y un buen guía consigue que disfrute mucho más la segunda que la primera. Con este chaval alemán entablé amistad. Anduve por Trujillo con él y también con otras dos argentinas jovencillas que se alojaban en el mismo hostal. La verdad que es tremendo la cantidad de gente que se conoce viajando solo. Al hacer esfuerzo para hablar con los demás se traba amistad fácilmente. Lo de amistad es un decir: son relaciones tan fugaces que ya he olvidado, por ejemplo, el nombre del tipo alemán.
En Trujillo compré un billete para volar a Iquitos, ciudad en el corazón de la selva amazónica. Me apetece muchísimo ir allí. Pero antes, hay que lidiar con la megalópolis de Lima.

2 comentarios:

  1. más fotitos!!! puede ser??? muchos besitos manolo, no puedo ni imaginar dónde andarás ahora...

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  2. ¡Claro! A ver si encuentro tiempo y abro un enlace con algunas fotos. Una selección, claro, que no quiero que os durmais.
    Si quieres saber donde estoy, mira la esquina superior derecha, debajo de la foto.
    ¡Un abrazo!

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