Andes argentinos cerca de Mendoza

sábado, 20 de febrero de 2010

3. Primeras impresiones

Bueno, pues ya estoy aquí. Llegué ya hace unos días, pero no es fácil conectarse a Internet en Galápagos. Subiré fotos una vez en el continente.
La verdad que el comienzo del viaje ha sido toda una aventura. Después de once horas de viaje, cuando estábamos casi sobrevolando Quito, nos dice el capitán que no puede aterrizar por condiciones meteorólogicas y que se va a Guayaquil, a varios cientos de Kilómetroa de mi destino (Quito). Nos dejan tirados en el aeropuerto con un vale para cenar y nos piden que esperemos nuevas noticias. Tras todo el día en el aire, un poco tocado por el cansancio, decido que es mejor quedarme en Guayaquil, que está mas cerca de Galápagos y partir al día siguiente desde allí. Me daba pereza coger un nuevo avión que no sabía cuando iba a salir (probablemente al día siguiente). Llamo por teléfono a Fabián, que me esperaba en el aeropuerto de Quito, para decirle lo que había pasado e intento buscar un hotel en Guayaquil. Me decido por el Marriott, pero después me comentan que está muy alejado del centro, que, si partía al día siguiente para Galápagos, era mejor un hotel cercano al aeropuerto, uno que me señalaban con un dedo.
Guayaquil es considerada la ciudad más peligrosa de Ecuador y empiezo a desconfiar de todo el mundo. Juan, un ecuatoriano del que me hice amigo en el avión, me pide que le vigile el equipaje. Me entra mal rollo. El calor era insoportable (en Guayaquil siempre hace una humedad del 100%), quería salir corriendo de allí. Y me metí en un taxi (me aseguraron que los del aeropuerto eran totalmente de confianza) rumbo al hotel, que no tenía muy buena pinta desde lejos. Desde cerca fue mucho peor. Me ofrecieron tres habitaciones y escogí la más cara. No daré detalles, tampoco es que estuviera tan mal, pero creo que es la primera vez que me da asco dormir en un sitio. Claro, como me dormí a las 9 (a las 3 de la madrugada hora española) a las 4 estaba despierto sin saber muy bien que hacer. Miro por la ventana, había como una estación de autobuses. Pongo la tele, y las noticias cuentan los desastres en la provincia de Guayaquil por las recientes llevias torrenciales. Empiezo a pensar: ¿Qué hago yo aquí? ¿Realmente quería ir? ¿He pensado yo esto lo suficiente? Me visto rápido, tengo que conseguir un vuelo para Galápagos (el plato fuerte de mi viaje) y salir de allí.
Tuve suerte, tras hacer cola de más de una delante del checking nos dieron billetes de última hora, pues en principio todo estaba reservado.
Con alivio llego a Galápagos, con una sensación de entrar en una especie de Parque Jurásico. La llegada me recordó mucho al comienzo de la película. Era gracioso como todo el mundo en el bus camino del pueblo miraba por la ventanilla con mucha expectación ante la aproximación de un pájaro que resultó ser una gaviota. Los paisajes sí me llamaron mucho la antención. En apenas unos pocos Kilómetros se pasaba de un páramo solo habitado por cactus a una selva densa con una árboles muy extraños.
Ya en Puerto Ayora, tras dejar las cosas en un hotel donde había reservado para 3 días después, ceno con abundante cerveza y visito la estación Charles Darwin, donde tienen un criadero de tortugas gigantes. Entre ellas se encuentra el "Solitario George", la útlma tortuga gigante de una subespecie de la isla Pinzón, que probablemente se extinga cuando muera este ejemplar.
Al día siguiente me embarqué en una excursión a la isla Santa Fe. Es increible la vida del archipiélago, parece que no tiene fin. Nada más meterme en el agua en unas rocas antes de llegar, ví a un par de tiburones de más de 2 metros de largo. Pasé miedo, aunque te aseguren que no atacan. Los fondos marinos visibles tan solo con snorkel son espectaculares. Más adelante llegamos a una bahía con agua cristalina donde pude ver una manta y una tortuga gigante. Es impresionante como nadan, debajo del agua parecen elefantes. En una playa de arena blanca de esa bahía había una colonia de lobos marinos. Es precioso ver la naturaleza de una forma tan espectacular.
En el tour conocí a Catalina, una chica de Ecuador con la que pasé ese día y el siguiente. Estuvimos en una playa, bahía totuga, donde pudimos entretenernos un rato viendo a un pelícano cazar en el agua. Varias iguanas marinas, quietas como budas, se calntaban al sol. Los pinzones (pajarillos como gorriones) se acercaban muchísimo llegándose a posar en mi pierna y en mi mano.
Un día más tarde partí a Isabela, la más salvaje de las Galápagos, pero eso lo dejo para la siguiente entrada, que esto se está haciendo eterno.

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